La pobreza es de la mente, el dinero no es motivo. si no hay taza, coge un jarro; si no hay helao; duro-frío. Al hueco que lo remienden, pal hoyo no van los vivos, el pollo que te lo pasen y después hazle un sofrito, que el ebbo es para los males y el hambre es un mal antiguo. No te sorprenda comadre, pero ayer vi a tu mario, allá en la Fraternidade, pasándose por pepillo, con una jabá de ojos verdes, decotada hasta el ombligo, él estaba muy animado; cuando me vio, ya te digo, el negro se puso blanco, me miró y sacó el colmillo, yo sonreí y dije: arete, oreja nunca fue oído, en eso vino la 13 y la jabá cogió camino, creo que es enfermera de un hospital de Los Pinos; elemento chichipó, de aquellas que ni te digo. Te lo cuento porque ese también fue un día mi marido, te lo cedí pero a vece se me retuerce el ombligo, porque el sillón no se mece si el comején lo ha comío, luego miro para Oreste y digo tengo marío, sigo mirando "el paquete", que eso es ahora lo mío. Que buena está la novela, la mala eres tú conmigo, al final se queda sola, le pega un tarro el marío y se hace la sufrida, cuando ella hizo lo mismo.
Cronista cubano. Museólogo y Licenciado en Historia del Arte. Profesor y traductor de idioma español. Este blog pretende. recrear, mis memorias, mediante crónicas costumbristas, lo cotidiano del pueblo cubano, su idiosincrasia, a través de un prisma pintoresco, con toques de humor, amor, melancolía y nostalgia.
martes, 7 de marzo de 2017
Oreja nunca fue oído
La pobreza es de la mente, el dinero no es motivo. si no hay taza, coge un jarro; si no hay helao; duro-frío. Al hueco que lo remienden, pal hoyo no van los vivos, el pollo que te lo pasen y después hazle un sofrito, que el ebbo es para los males y el hambre es un mal antiguo. No te sorprenda comadre, pero ayer vi a tu mario, allá en la Fraternidade, pasándose por pepillo, con una jabá de ojos verdes, decotada hasta el ombligo, él estaba muy animado; cuando me vio, ya te digo, el negro se puso blanco, me miró y sacó el colmillo, yo sonreí y dije: arete, oreja nunca fue oído, en eso vino la 13 y la jabá cogió camino, creo que es enfermera de un hospital de Los Pinos; elemento chichipó, de aquellas que ni te digo. Te lo cuento porque ese también fue un día mi marido, te lo cedí pero a vece se me retuerce el ombligo, porque el sillón no se mece si el comején lo ha comío, luego miro para Oreste y digo tengo marío, sigo mirando "el paquete", que eso es ahora lo mío. Que buena está la novela, la mala eres tú conmigo, al final se queda sola, le pega un tarro el marío y se hace la sufrida, cuando ella hizo lo mismo.
La luz-brillante y las medias
Las penas que a mí me matan son las que me dan estos niños cuando los llevo a una visita y se me quitan los zapatos, primero las medias remendás y luego que solo tienen un par de zapatos, para todo y son niños pero ese pie les huele que si las almas se hablaran en su conversación se diría fó. Es el mismo olor del abuelo cuando se sienta a ver la pelota, que hay que salir de la sala pa la calzá de Jesus del Monte porque te ahogas como los vegueros, que allí mismo los ahorcaron a todos. Mira que ya se los he dicho, que no se quiten mas los zapatos delante de la gente, pero ellos como el de Lima y como son jimagua, uno imita al otro. Eso lo da el parir vieja una, me cogieron cansá, pero ya están ahí y son de oro, si no fuera por la peste en esos piés... ya vendrán tiempos mejores. Voy pa la casa que hice una cola ahora pa la luz brillante y se acabó cuando me tocaba. Tú no tendrá un poco pa encender esa pique?. Ay que dolor en estos pies. bajo el sol los dedos se me han puesto como el carné de la ctc. plasticados. Gracias mi amiga.
miércoles, 1 de marzo de 2017
Leyendo: Emile J Paidar
Increíblemente, fue ese nombre, la primera frase
que aprendí a leer. No olvido a la
maestra Vivina de Primer grado, enseñándome a deletrear. Como era muy chiquito, pues me entraron
antes en el colegio; algo lamentable, pues además de truncarme parte de la
infancia libre, también me hicieron ser el menor de la clase. No olvido el llanto diario al dejarme en el
colegio. Eso no se le hace a un niño de
cuatro añitos. Por otra parte no hubiera
conocido a mis grandes amigas y amigos del período colegial, a los que mantengo
como el primer día con nombres y apellidos y hasta fechas de nacimiento.
Mi madre Santa me pelaba todas las semanas a
la “malanguita”, que era el corte de usanza de la época; en la misma barbería y con el mismo barbero.
A pesar de ser rápido para él, a mí se me demoraba una eternidad y en lo que
esperaba, me sentaba en algún sillón de barbería vacío y me ponía a dar
vueltas, hasta que me regañaban y me quedaba quieto; era entonces cuando me
detenía a ver los “arabescos” que tenían los sillones en el descanso del pie.
Arabescos que un día al cumplir cinco años de edad, se me convirtieron en
letras y luego en palabras y más tarde en un nombre, que en mi imaginario no
dejaba ni dejó de ser árabe. EMILE J
PAIDAR.

Para mí era un hombre de mediana edad con bigotes y espejuelos, con una imagen de principios de Siglo XX. Aún así lo imagino, pues no encontré retrato ni foto suya.

Para mí era un hombre de mediana edad con bigotes y espejuelos, con una imagen de principios de Siglo XX. Aún así lo imagino, pues no encontré retrato ni foto suya.
Pasó el
tiempo y pasó y continuaba repitiendo la frase-nombre, como algo grabado y que utilizaba
de válvula de escape de mi pensamiento, una especie de muletilla, que me atraía
momentos de antaño, pero de una frescura e inocencia sin igual.
Fue en mi tercer viaje a Cuba que entonces
pasé por la barbería que aún conserva su local y sus sillones, ya “El Cabo” y
Pantaleón, que eran los barberos pilotos no están pero no pude detenerme a la
tentación de sentarme a pelarme y por supuesto hacerme una foto en mi sillón de
siempre y al sillón en sí.


Viniendo a mi mente aquel niño retozón que aún llevo en mí.
Ref. Google. A finales de los años 50, la industria americana de las sillas de barbero vendían 10.000 sillas al año para las más de 100.000 barberías que habían en EEUU. Con sede en Chicago, "Emil J.Paidar company" era el fabricante lider de sillas de barbero a finales de los 50 con una versión similar a los sillones Koken.
Nota: Pueden comentar o calificar, en las casillas más abajo. Gracias.


Viniendo a mi mente aquel niño retozón que aún llevo en mí.
Ref. Google. A finales de los años 50, la industria americana de las sillas de barbero vendían 10.000 sillas al año para las más de 100.000 barberías que habían en EEUU. Con sede en Chicago, "Emil J.Paidar company" era el fabricante lider de sillas de barbero a finales de los 50 con una versión similar a los sillones Koken.
Bemba colorá
Qué tendrá que ver el color de una bemba para ser algo?
He visto cada boca pálida, que no inspiran "ná". Al contrario cada bemba "colorá" que dicen más de cuatro cosas, al menos te invitan a mirarla y en su más alta expresión a besarla. Experiencias he tenido bastas y realmente, puedo decir -sin que me quede nada por dentro-, que ese esplendor labial es único en su conexión con el mundo interior humano. No hay que estudiar, anatomía fisiología e higiene para constatarlo.
No sé si será "fetichismo frutal", por llamarlo de algún modo, haciendo alusión a la delicia del mamey, aquella fruta que exacerba los sentidos del gusto y te lleva más allá del, del pensamiento, te saca de dónde estés, para depararte ante una batidora, llena de hielo, leche condensada y la preciosa pulpa que culmina en el tan ansiado y bienvenido "batido de mamey", que está en el imaginario de todo cubano que se respete; porque a qué cubano no le gusta la plenitud de esa fruta. Un lujo al paladar.
Entonces amigos, cuál es el problema de tener la bemba colorá?
pensándolo bien el estribillo debiera cambiar y decir:
Pa mí tú no eres ná, tú no tienes la bemba colorá.
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martes, 28 de febrero de 2017
La salida.
Aquella casa alegre se había convertido en un
umbral de tristeza, ella y sus dos hijos pequeños, se volvieron asustadizos y
taciturnos; no se oía ni el zumbido de una mosca en la casa, sólo a veces un
timbre largo y unos pasos que silenciaban junto al timbre.
Se decía que él había caído nuevamente preso,
por la misma razón; nadie se atrevía a preguntarle a Diva por su marido, su
rostro, todo lo decía, era la estampa de la soledad y el desasosiego. Aquella alegría y jovialidad de su sonrisa
unido al tintineo de su voz, la que nunca más entonó una canción de amor, de
aquellas que se escuchaban otrora y daban una armonía celestial a esa casa, que
un día había sido de sus bisabuelos, pasando a sus abuelos y luego a sus
padres.
Sus padres Nereida y Evelio que sucumbieron a
la retirada de sus bienes, a los que tanto habían anhelado y a los que se
habían dedicado toda su vida, como homenaje a sus predecesores.
Una casa triste, llena de recuerdos de una
infancia feliz, un piano que ya no tocaba , cubierto por un polvoriento mantón
de Manila y una de colección de marcos con retratos y fotos de momentos
gloriosos , presidido por el del casamiento de de sus padres y el de la novia
de blanco que un día fue, ante el altar de la Iglesia del Carmen y de la Virgen
del Carmelo, que desafiando a todas las leyes, celebraron un día de Mayo de
1970, costándole el puesto de trabajo a su esposo y padre de sus hijos,
obligándolo a tomar una actitud para sobrevivir, trató de fugarse, pero no lo
consiguió. La marea estaba alta y el
viento en contra, lo que los llevó a una isla que era militarmente comandada y
de ahí a la celda, de la cual salió 10 años después, un 31 de diciembre. Esperó el año en silencio con sus más
allegados y luego el silencio, quedó continuo.
Dos días solamente permaneció en su casa y
despareció, nunca más se supo de él. Luisrael se había marchado para siempre,
solo Diva sabía de su plan.
Por eso continuó su vida con cautela, cuidó a
sus hijos, hasta esa mañana de 1° de mayo del ’80, en que el medio del jolgorio
y algarabía de los que habían llegado ya de la Plaza, del acostumbrado desfile,
entre banderitas cubanas y sombreros de yarey, una moto del estado vino a
buscarla, para llevarla junto a su amado y padre de sus hijos. Luisrael la esperaba en una lancha, alquilada
por sus familiares. Salieron los tres
juntos al encuentro de la alegría, de la felicidad que Dios promete a sus
elegidos, hacia el puerto del Mariel, siguiendo la ruta hacia el Norte.
Desvendábase entonces el misterio de la
desaparición y de la agonía de Diva y Luisrael.
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lunes, 27 de febrero de 2017
Pasión y perjuicio
Ayer me
encontré con Clara, acabada y con
arrugas,
El marido
la dejó, por un chofer de Madruga
Y aquí se
quedó la Clara, el tipo está pa Madruga
Ella quiso
suicidarse, ante el carro e la basura,
La recogió un basurero, la tiene como una
oruga,
En su cápsula siniestra, simulando que la ayuda
Ya tiene
refrigidaire, lavadora y unas tundas,
porque el marido la suena, luego la baña y la arrulla
Clara está que almuerza y come de todas las paladares,
Ha cogido
sus libritas, de allí las sobras sí valen
Eso sí que
es tener suerte, no hay nombre para sus males,
Mejor me quedo yo sola, que está muy mala la calle
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sábado, 25 de febrero de 2017
Vocación y numerología.
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| El sueño |
Cada 15 días, los miércoles iba al policlínico de la
Calzada de Luyanó a vacunarme e iba para el colegio. Llegó septiembre y con él, el nuevo curso
escolar, ya estaba en Sexto grado, pero continuaba con mis vacunas. Siempre fui
fascinado por mis maestras, ella nunca supieron de mi adoración por ellas, por
lo que hacían y como lo hacían, lo que despertó en mí un fuerte deseo de
hacerlo yo también; quería enseñar, que aprendieran conmigo; quería aprender y
que los demás supieran lo mismo que yo. Ese
sentimiento llamado vocación y que pocos descubren a edad tan temprana.
En mi ADN está el maestro que fue mi padre,
que estudió en la Escuela Normal de la Habana, aunque desde que tuve uso de
razón él ya era funcionario del Ministerio de Educación y nunca pude verlo
ejercer su profesión, sé e intuyo que sería el mejor de todos.
Un buen día dieron la noticia de la inauguración
de una escuela para maestros que llevaría el nombre del ex-presidente
de Chile. Escuela de Formación Para Maestros “Salvador Allende”. El alma se me iluminó y me dije: a esa voy
yo.
Guardé mi secreto a “4 llaves”, nadie podría
saberlo. Sería mi sorpresa. Supe que ya estaban pasando por las escuelas
inspecciones con las planillas para inscribirse y esperé con ansias la visita.
Ese miércoles, como los demás, cada 15 días
había ido vacunarme. Llegué después del receso
e inocentemente miré los rostros encendidos de algunos niños; qué habría
pasado en mi ausencia –me pregunté-; al final tuve la triste noticia; la
maestra Ana Josefa, me lo dijo y no pude contener el llanto; ella asombrada me
miró, contemplando consternada la tristeza de un niño que quería seguir su
profesión; un sueño truncado a tan corta edad.
Llegue a casa sumido en la tristeza y al indagarme, nadie se preocupó
por ello, lo tomaron como un capricho de infancia.
Así terminé mi enseñanza primaria en 1976, pero el deseo ya estaba lanzado al
universo y ese nunca me ha traicionado, la espiral vendría hacia mí, de otro modo, pero me
llegaría. Tuvieron que pasar ocho años, para que comenzara a trabajar en el
museo. El año 1984 se me abrió y me dijo
aquí tienes, serás Guía “C” de museo y así llegué hasta la “A”, al unísono
estudiaba en la Universidad e iba haciendo carrera. Un día al terminar una
visita vi a Papá contemplándome al fondo del grupo y al terminar me dijo:
Albertico ya ves, ya eres maestro.
Mirándolo asentí con el rostro, pero yo quería más, quería el aula,
quería los alumnos, no visitantes aleatorios y o furtivos, tenía que lograrlo.
Así pasaron 16 años y salí de Cuba con dolor
de mi alma y sin saber lo que me deparaba el destino. Sólo lo supe cuando de vez me vi en un aula,
dando clases, como profesor de idioma español y con un continente de aprendizaje
extenso que me ha hecho mantenerme fuera
de mi país estos largos 16 años en que me he superado, estudiando en el Curso para profesores del Isntituto Cervantae de Río de haneiro y he entrado en el mundo de la Numerología, su conocimiento me ha llevado a saber que el universo nos
marca al nacer, así como marcó a mi padre con el número “11”, el 14 de septiembre de 1941, me marcó a mí también, el 7 de enero de 1965. Si
sumamos ambas fechas veremos que da “11” total. Número, maestro y de las personas que vienen al
mundo a enseñar, a mostrar algo.
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| Con mi padre. Mi mayor maestro. |
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| Mis alumnos de siempre. |
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| Día del Profesor |
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| En el aula. |
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jueves, 23 de febrero de 2017
Mamitis aguda.
Bueno, si hay algún médico en la sala; y digo
la sala, porque es como me siento cuando me siento –valga la redundancia- ante
el monitor y comienzo a teclear, como si estuviera hablando con algún viejo
amigo, en una de las visitas que antes
solía hacerles. Sí a aquellos a los que no había que llamar para aparecer y no
porque no hubiera teléfono, porque sí había y también había algo que no puede
faltar en una amistad que es la confianza, tampoco es que yo sea muy
confianzudo; ahora reconozco que a veces me excedía, pero es que me recibían
tan bien que era imposible dudar de aquella buena voluntad.
Como les iba diciendo, si hay algún médico en
la sala, pensará que hablo de alguna enfermedad y tendrán razón, solo que esta
es una dolencia con síntomas del alma y se puede manifestar de múltiples
formas, una de ellas es la que estoy sintiendo hoy. Es la segunda vez que tengo
una crisis de este tipo, los síntomas son varios pero el que más afecta es el
de la temperatura corporal. Comienza con un desánimo total y de momento estás
con fiebre.
Hacían ya dos años que había llegado a Río, cuando
la sentí por primera vez. Dos años sin
ver a mi madre Santa, que ni siquiera pudo ir a despedirme al aeropuerto, pues
para irme tranquilo y dejarla protegida a su vez, dos días antes de salir de
Cuba, la coroné y así sin siquiera decirme adiós, la imagen que de ella me
llevaba era toda de blanco en su trono yoruba. Eso justificó el poco equipaje
con el que salí de la isla, pues para ello vendí todas mis pertenencias y
pienso que también justifica la cantidad de cosas que tengo ahora.
Mi amiga Aracelys cuando me fui a despedir de
ella se asombró mucho y me dijo: cómo tú te vas a ir, si padeces de “Mamitis
aguda”, y sonriendo sin pensar muhco en lo que me acababa de decir, me despedí y me fui.
Los primeros 11 meses fueron buenos pues la
fecha no estaba vencida, pero al cumplírseme el tiempo legal, comencé a
flaquear; sabía a lo que me estaba exponiendo, pero seguí adelante; estaba
dicho y escrito: Aquí no te puedes quedar habían dicho las cartas, los
caracoles, los chamelongos y cuanto medio de adivinación consulté y así lo
hice. Me quedé.
El primer alivio lo encontré en la telefonía
que “me comió como a Nicolás por un pie” y el segundo era poder mandarle todo
lo que pudiera, con los que fueran. Así mi salario que en sus inicios era
ínfimo se resumía en comunicación y regalos para Cuba, pero eso un día falló,
al quedarme sin trabajo y con deudas que solo aumentaban cada mes por el no
pago del servicio telefónico.
Dejé de escuchar la voz de mi madre y no podía
mandarle nada de regalo como solía hacer. Comencé a agonizar por las esquinas y
tiendas; si entraba en una librería, no podía siquiera leer postales dedicadas
a las madres.
Así pasaron semanas y meses, cuando un buen día,
me vi solo en esta casa, postrado en la
cama con una fiebre altísima, que me llevó al delirio. Lo que experimenté en aquel momento no sé si
fue, delirio, visión, espejismo o un fenómeno sobrenatural, sólo sé que
primero, sentí una presencia en el cuarto, la cama se hundió
a mi lado y una mano se posó en mi pecho, sentí su olor y escuché su voz que
como un canto, una nana conocida, que me arrullaba al oído diciéndome: “…en el bosque de la China un chinito se
perdió y como yo era un perdido, nos encontramos los dos…” . se calló y me dijo
en un susurro: Tico, ya está todo bien,
aquí está tu madre. Al unísono, me dormí hasta el día siguiente.
Desperté y aún sentía su presencia, mi
temperatura se había estabilizado y el júbilo de pronto volvió. En la tarde, una llamada telefónica me asaltó,
era un amigo contratándome para un trabajo de traducción simultánea, con la que
pagué mi deuda de teléfono y estabilicé mis cuentas. Pude llamar nuevamente a Cuba y lo mejor;
constatar que sí, había sido ella, pues al indagarle había soñado lo mismo.
Hoy en la mañana, amanecí con fiebre, sin
motivo aparente y recordé de nuevo este episodio de Mamitis aguda, pero esta
vez soy yo quien cogerá un pasaje y aparecerá en La Habana.
Dedicado a todos los que por una razón u otra, -como yo- hemos tenido que dejar a nuestras madres en Cuba.
Dedicado a todos los que por una razón u otra, -como yo- hemos tenido que dejar a nuestras madres en Cuba.
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sábado, 4 de febrero de 2017
Zapatos azules
Tengo fetiche de zapatos náuticos azules; desde que los vi en una revista antigua, me
dije: estos son y serán siempre mis zapatos; un pensamiento utópico para la
Cuba de los ‘80, a sabiendas de que no
tenía a nadie que me los comprara ni me los trajera, pero surgieron en La
Habana las “tiendas de decomiso” y con ellas mi única oportunidad de
tenerlos.
Para ellas iba toda la ropa
que llegaba al aeropuerto y se tenía como sobrepeso, practica horrible, pero al
menos era una salida al cupón que nos obligaba a vestir a todos igual, por
medio de aquella libreta que fue bautizada por el pueblo como “María la O”, o
compras camisa o compras pantalón.
La tienda no
había sido inaugurada o abierta al público, por lo que al salir del trabajo a
las 5:00 para allá fui. Cuando llegué ya
había una lista que sería cantada al día siguiente a las 10:00 am y pm; me
anoté, fui el 12. Sabía a lo que me
sometía, dos veces durante tres días debía ir para no perder el turno y así lo
hice.
Ese miércoles me levanté bien temprano, llegué el
primero al museo, firmé y a las 9:30, salí corriendo para Neptuno, así lo hice
en la noche pero saliendo de casa, hasta el viernes. El gran día que sería el sábado.
Llegó el día y ahí estaban ellos flamantes, mi sueño de
consumo, combinaban con todo lo poco que tenía –si lo comparo con lo que tengo ahora- Recuerdo que le pedí el dinero prestado a mi
abuelo Alberto; eran 30 pesos, una fortuna para mis 148,00 mensuales.
Recé hasta
la hora de entrar, para que nadie los comprara, era solo un par. Cuando me tocó
mi turno, llegué al mostrador, los señalé y ni la dependienta los había visto. Me los trajo y los pude tocar, eran como un
guante, me senté encima de un cajón, ya que la tienda era improvisada, lo
primero que me sorprendió leer dentro de dicho zapato, algo como un epitafio, que
decía así: "lo que me pediste Albertico, tu Tía Ana."
Era
demasiado habían sido enviados por una tía Ana a un tocayo mío. Al leerlo, lo
lamenté porque mis tías son Eva y Dulce, no tengo ninguna tía Ana, al menos
para contentarme.
Con pena
ajena proseguí a probármelos, sentado como estaba, eran míos, pero cuando me
paré...Mamá las lágrimas se me salen…por Dios!
Qué dolor, hubiera dado todo
porque mi tocayo apareciera, pero nada,
ya era mucho pedir.
Los pagué y salí con ellos puestos de la
tienda. Los tuve todo el día puestos, para ancharlos y no lo logré. Al día siguiente
sentado en la cama me los coloqué y salí, el dolor sólo se me aliviaba al
mirármelos en los pies y caminaba feliz la Habana Vieja. Todos me los miraban y
admiraban, el sufrimiento era exclusivamente mío, así como la satisfacción.
Ellos eran
únicos y único mi dolor. A los seis
meses tuve que ir para el ortopédico, los pies estaban deformándoseme. Que
madrugadas pasé, pero yo con mis zapatos azules, hasta que un día ya pasado un
tiempo, conseguí otros ya de mi talla.

Me recordé
de esto porque miré a la zapatera y conté cuatro pares de zapatos azules todos
del mismo modelo, gastados cronológicamente pero igualmente deseados y amados.
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24/08/15.
miércoles, 1 de febrero de 2017
La abandoná
Mañana me
levanto temprano que tengo que ir al Enmiu, a la conaca y a la oficoda después
que coja los mandao pa darle de baja a tio Aurelio que murió hace un año y se
le venció la dieta, no hay a quien sacarle sangre, el pobre resolvió bastante,
hasta después de muerto con su diabetes, por lo menos teníamos leche y otro
poco que pugilateaba Panchito, ahora ni tío ni Panchito. Panchito se fue con la del 12 y
dice que está de lo más bien que hasta los dientes se puso, después que se los tumbé
con el mortero. Mira tú va a venir a morderme, que se muerda el... déjame callarme y irme pa la cama que ya me
está haciendo efecto la Trifluorperacina, no vaya a ser que me caiga y aparezca como la Nela del Rosario, aquel sábado, después de la película. la pobre toda revolcada arriba del libreto, no sé porqué no la avisaron, rápido se incorporó con su eterna sonrisa, y ahí habrá amanecido el domingo; pero con todo y eso yo sí no tengo quien me recoja; total, pa la leche que daba la vaca, o el
toro, si lo que tenía era más gases que una ponchera, por eso le puse el
fósforo y le cogió candela el calzoncillo e trapo aquel que le hacía la madre
con funda vieja. Pallá con su miseria, esa mujer lo que estaba muy carente. Tan
desvergonzada con el escándalo que le dio la esposa del querío que tenía. Qué
pena se llenó la calle, que parecía que había llegado el carrito del helado,
pero la música era, los botellazos de salfumán, contra aquella puerta , tan linda barnizada,
el piso que era rojo se puso blanco. Después salió como si nada y se sentó en
el portal a oír Nocturno. Cada cual con lo suyo ese arrastre es de ellos. A mí
déjenme aquí con el paquete, que estoy entretenida y no tengo que darle cuentas
a nadie.---------------- Ay! me dormí, bueno hasta mañana y gracias Dios mío
por el día de hoy.
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